Entre chiringuitos en La Manga del Mar Menor

Lo que hasta hace poco era un secreto a voces poco a poco se va convirtiendo en realidad. Y lo que va a doler. Este domingo me marcho a Asturias -más concretamente a Oviedo- para prepararme el examen MIR en la famosa academia.

Comienzan así siete meses de intenso estudio que se verán finalizados recompensados a principios de febrero cuando me enfrente al tan temido examen. Las expectativas de tantos meses en el norte y, sobre todo, pasar el verano a 20º me han convencido de que invertir mi último fin de semana en la playa era la mejor forma de aprovecharlo.

Como no puedo estarme quieto ni un momento he tirado de móvil para acercaros la vida chiringuitera que se cuece por mi zona de La Manga del Mar Menor.

Monte Blanco de fondo en una de las playas con más encanto de La Manga, la de Calnegre. CLG.

Antes de nada me gustaría dejar claro que me gustan los chiringuitos, sí, pero siempre que respeten una serie de normas cívicas de convivencia. A saber, que se respete el descanso de los vecinos sobre todo en temas de volumen de música y horario de cierre, que no ‘invadan’ la playa más allá de lo que les corresponde y que se preocupen por la limpieza de su parcela.

Creo que si se cumplen estas tres premisas podemos hablar del chiringuito como el gran animador del verano en la playa y una fuente importante de turismo.

Desde que tengo uso de conciencia he veraneado en la misma playa, a la altura del Km.4 de La Manga. Que la gente de fuera no se asuste, hablar de Km. en La Manga es algo normal puesto que estamos tratando con un cordón de tierra de 21 Km. de longitud con una única carretera principal que la recorre de principio a fin.

Esta suerte de ‘California murciana‘ vivió su época dorada allá por los 90’s pero ultimamente está un poco de capa caída. No es por la calidad de sus aguas -las cuales me parecen las mejores de todas las que he podido probar a lo largo y ancho del levante español- sino porque su modelo de explotación urbanística desenfrenada, con edificios cada cual más hortera y sin ningún criterio ni rigor les ha pasado factura.

Ahora mismo la oferta gastronómica en La Manga es bastante limitada más allá de dos o tres restaurantes que huyen del clásico pizza-paella-burger y muchos como yo salimos a Cabo de Palos o Los Belones buscando algo diferente. Sin embargo, de chiringuitos vamos bien servidos, contando con un par de ellos en mi pequeña franja de arena: El Chiringuito y El Patapalo.

‘El Chiringuito’ a secas. CLG.

El primero de ellos, El Chiringuito, es el más veterano de los dos. Abrió hará más de una década como un puesto helados y con los años ha ido viendo mejorada su imagen. Se cambió el plástico por la madera, se colocó una tarima y en la última modificación se ha levantado un anexo para cocinar paellas y sardinas a la plancha y se ha techado una parte de la terraza.

Con sus dueños hemos acabado estrechando lazos después de tanto tiempo y tantas cañas a nuestras espaldas por lo que el trato es más que familiar. Los fines de semana preparan sardinas a la plancha y mejillones al vapor y cocinan paella prácticamente a diario. El resto es lo esperado en un chiringuito: botes muy fríos, Martini y tinto de verano de beber y de comer latas y patatuelas.

Si os animáis a visitarlo os recomiendo que le pidáis una especialidad made in la familia Ramos, un ‘té rociero’ con whisky y Sprite. Siestaza asegurada.

‘El Patapalo’, que ha abierto recientemente a pocos metros del primero. CLG.

El último en subir la persiana ha sido El Patapalo, a escasos metros de la Plaza Bohemia. Detrás de este chiringuito se esconde una historia cuanto menos curiosa pues hasta el año pasado en este punto se encontraba un puesto de salvamento marítimo del ayuntamiento de Cartagena. Cómo estarán las arcas públicas para tener que cerrarlo, piensa uno.

Este chiringuito se aproxima un poco más al chiringuito balear, como los que nos podemos encontrar en Formentera: construido en alto todo de madera, dominando la playa a pocos metros del agua. Las vistas son fabulosas y la decoración está bastante bien, con sus aparejos marineros, barriles con taburetes, sogas y detalles piratas. Está pensado para poder tomarte algo también de noche, alguna copa después de cenar en los alrededores.

Le veo varios aspectos a mejorar como no enchufar las freidoras transcurrida cierta hora de la noche (a nadie le gusta salir de marcha y coger eau de croquette) o esmerarse un poco más con los mojitos, este cóctel no puede fallar en un sitio así. Por lo demás es un sitio con bastante encanto.

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