Rest. La Marimorena {I Quedada Bloggers Gastronómicos Murcianos}

Si hace escasos días os contaba cómo se había desarrollado la primera parte de la quedada en el horno que La Colegiala tiene en El Raal, ahora es el turno de contaros cómo cerramos la jornada comiendo en el restaurante La Marimorena, en Molina de Segura, al que muchos reconoceréis por la entrada que ya les dediqué en el blog. Obviamente en la elección del restaurante influyó la apuesta tan fuerte que desde La Marimorena han realizado por las redes sociales desde sus inicios, lo que sumado a una cocina creativa, un menú de precio contenido y sobre todo mucha paciencia en la sobremesa los convertía en una apuesta segura. Un acierto para las organizadoras del evento.
Buena elección. CLG.
Desde el primer momento se mostraron muy flexibles con los menús, algo básico con veinticinco comensales. Pudimos decantarnos por dos diferentes, uno de ellos vegetariano, regados los dos con vino tinto Comoloco (D.O. Jumilla) y vino blanco Azoe (D.O. Rueda), ambos del 2011. En mi caso opté por el menú standard, compuesto de cinco entrantes, plato principal y postre. A su favor deciros que todos los platos que sirvieron los ofertan en carta, para mí algo fundamental de cara a mostrároslo en el blog y a que vosotros tengáis una buena referencia sobre qué os vais encontrar cuando los visitéis.

El cuarteto organizador tuvo esta fantástica idea. CLG.

Como suele pasar en estos casos en los que vas a menú cerrado algunas propuestas me gustaron más que otras, aunque he de decir que el nivel de la comida fue por lo general muy bueno. De todas las entrantes que sirvieron me quedo con la tosta de sardina viuda, con tapenade de oliva y aceite de albahaca y las albondigas de bacalao con ali-oli de tinta de calamar. Menos me gustaron las quesadillas de sobrasada y miel, algo sosas para mi gusto, y el pan de cristal con embutido casero y polvo de parmesano. el cuál creo que arruinó el queso rallado, pues tanto el pan como el embutido me parecieron sublimes.

Tosta de sardina viuda. CLG.

Quesadilla de sobrasada y miel. CLG.
Los ya clásicos vasitos de geleé de tomate pera al estilo murciano. CLG.
Con David, de ‘La Cocina Pistacho‘, pude charlar tranquilamente sobre fotografía gastronómica. CLG.
Albondigas de bacalao con ali-oli de tinta de calamar. CLG.

Pan de cristal con embutido casero. CLG.

Pajaritos de la huerta (cebolla y calabacín en tempura). CLG.
En los segundos las propuestas fueron entrecot de buey a la parrilla con patatas asadas -para cada dos personas- y nido de perrochico con huevo escalfado y parmesano como opción vegetariana. La carne en su punto, con sal en escamas y el sabor característico que le da la parrilla no decepcionó. Agradecí la elección de ternera como segundo, aun siendo el plato compartido, ya que la prefiero al socorrido solomillo ibérico y el volumen de los entrantes había sido considerable. El nido de perrochico triunfó bastante entre los que habían optado por el segundo menú, un buen ejemplo de que se puede hacer cocina vegetariana sin sacrificar el sabor. Para los curiosos, el ‘perrochico’ es una seta pequeña y de color blanquecino, en este caso la empleaban en conserva pues su época de recolección es la primavera.
La propuesta vegetariana: nido de perrochico con huevo escalfado. CLG.
Entrecot de buey a la parrilla para cada dos. CLG.

En el postre nos sorprendieron con un Scotland Yard, una original tarta al whisky deconstruida en la que el whisky lo presentan en una probeta con granos de café. 
Scotland Yard, original tarta al whisly. CLG.

Helado de nata y turrón, almendra molida y whisky. CLG.

Este ha sido a grandes rasgos el menú elegido en La Marimorena para la primera edición de la QBM. Entre plato y plato no faltaron las buenas conversaciones en torno a las dos grandes pasiones que nos habían reunido allí: la cocina y la blogosfera. Me quedé impactado con los auténticos estudios de fotografía a pequeña escala -con sus flashes, parasoles, fotómetros e infinidad de elementos para componer bodegones- que muchos se habían montado en casa. Compartimos las motivos por los que nos habíamos lanzado a compartir con el resto de mundo nuestra cocina o nuestras vivencias gastronómicas y también nuestros futuros proyectos. En definitiva, una buena forma de conocernos y de ‘ponernos caras’ pues aquí en Murcia somos cuatro gatos los que nos dedicamos a esto y, si el apoyo es mutuo, todos salimos ganando.

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